Mientras viajamos hacia el cielo y no conocía el purgatorio

agosto 11, 2007




La mesa hermosamente servida, todo en perfecto orden y magistral brillo, copas rebosantes y conversación eufórica, mientras esperábamos las pociones mágicas que el alquimista nos traería.
Curiosa, impaciente y atrevida me levanto de aquel espacio con estilo monárquico para traspasar la frontera de lo hermoso y lujoso,  voy adentrarme al recinto secreto de donde saldrán sabores y olores que nos transportarán a miles de evocaciones. Una atmósfera caliente invade mi cuerpo, nubla mis ojos y llega a mi alma todo el fuego, lucho contra la densidad del aire y de los mil olores que se transformaron en un universo ajeno a la delicadeza, tomando formas en el espacio de personajes desconocidos y fantasmagóricos. Me acerqué, y allí entre humo, calores, vapores, olores no pude evitar darle un gran abrazo, sin pedirle permiso, con imprudencia y euforia ¡imprudente tal vez! piel hirviente que palpo con absoluta hipersensibilidad ¡mi voz resquebrajada se lo hizo saber! Oh Dios, esto es el verdadero purgatorio. Desde ese día, una imagen quedó en mi mente grabada para siempre; Mientras afuera nos entregaban el cielo, muchos magos estaban trabajando en un espacio que no se puede transgredir, quizás el purgatorio, y todo esto para ayudarnos a ascender a las alturas de los placeres. Ese día se crecieron como personas y elevó mi admiración. Gracias cocineros, te quiero mucho mi querido Chef. Le agradezco a Tomás el haberme cedido las fotos para este post, además monté otras que están bien bellas en mi photoblog, excepción que hago, pues allí solo hay fotos mías.

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