Caminaba selva adentro, el olor a tierra y humedad invadía mi cuerpo, llenándome de vida y eternidad, el sonido del agua acompasaba el ritmo de mi andar, y el hambre comenzaba hacer estragos en mi cuerpo, y de pronto, allí estaba, esperando que mis manos cansadas lo tomaran para probar el verdadero sabor de mi esencia, de mi tierra de mi país, una dulzura generosa dejó en mis papilas satisfecha de antepasados y presagios de exitoso futuro. Venezuela es generosa en sus tierras, adentrarse en la selva es darse cuenta como nos empeñamos en acabar con la simplicidad y no olvidamos de ella.
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