2/6/2010

El Rey del Pescado Frito, entregó su corona

Tenía muchos años que no iba a La Guaira, antes me gustaba mucho irme desde Caracas a pasar inclusive muchas veces solo medio día. Terminamos en el sobreviviente Rey del Pescado Frito, que en alguna época era parada obligatoria para todos los que recorríamos esas rutas de la costa. Aparte de ver como lastimosamente una riqueza natural, como lo es La Guaira, y verla en el deterioro en que se consigue, lo cual más que generar alegría, me dejó un vacío en el alma, no dejé de irme con unos amigos a probar el plato que me lleva a momentos innumerables de recuerdos de la época en que surfeaba, velereaba y estaba casada con el salitre del mar. Mi romanticismo me lleva a exaltar cada momento que vivo, lo retrato en mi retina y queda en mi mente con una saturación de colores que cualquier ilustrador o director de fotografía envidiaría, pero al analizar la triste realidad, le quito ese velo de belleza que llena mis fantasías para darme cuenta de aspectos tristes, de la realidad. Lamentablemente, aquel pescado frito crujiente, recién hecho, con los tostones calentitos, rebosados de queso ya no están, el sitios tiene un aire lúgubre empeñado en no querer morir, con dos o tres familias, antojadas en tratar de revivir aquel sitio que alguna vez fue de todos y hoy solo es un vestigio de cada una de nuestras historias. Lo único que queda de todo aquel famoso Rey del Pescado Frito, es la evocación de sus tiempos dorados, como las ruedas que me gustaban comer. Ojalá, pueda ver el renacer de una costa que no se levanta, que el bao de la tragedia y la desidia se las lleve el viento de una vez. Mientras tanto, regreso con la tristeza de una imagen, que uno llora como el recuerdo un gran amor que se nos fue.
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