Homenaje a Frida

Tardes de nostalgias me iba a la casa de Frida Kahlo a pasar el tiempo entre sus objetos e intimidades en Coyoacán mientras pasaba temporadas en México por motivos familiares. Me identificaba profundamente con su obra, más que con su vida, con sus objetos que se me hacían familiares porque en mi casa hay un cierto aire de ello, caracoles, objetos antiguos, recuerdos, libros y un mundo muy personal que se hace divertido tratar de descifrar.

Hoy, cumple 103 años de su natalicio, como un aporte a su amor por la cocina, que fue amor necesario, buena manera de conquistar aún más el corazón de su amado Diego aprendió a cocinar de la mano de la primera esposa del artista, sobrepasando los celos ante la devoción de complacer los gustos del muralista.

De estos momentos, ambos hicieron un ritual de sensaciones, porque Frida sentía fascinación por los Tianguis, ¡pero quien no!, hermosos mercados saturados de los más diversos colores, sabores y aromas que se convierten en una fiesta inolvidable, en una celebración eterna.

En mis tiempos en México, disfruté de aquellas bondades que calaron en mi corazón para no salir más nunca, extraño los Tacos al Pastor, la Sopa de Pozole, la Sopa Azteca, el Esquite, los Tacos, las codornices, las Flores de Calabaza, los Chiles en Nogada, y los moles en diversos colores, Negro, Rojo y Verde.

Hoy, en homenaje a Frida, y junto al mundo, me uno a esta fiesta, como pretexto para evocar momentos hermosos imposibles de olvidar.

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