Me niego
rotundamente asistir, No!, no amiga, es que ese no es mi estilo de vida – le
dije contundentemente- es que confieso que su invitación, casi fue una ofensa, pero mi conciencia no
me permitió ser tan petulante, tan excluyente y terminé en el carro montada, en
vía de sentarme en una barra.
Caracas estaba,
como casi todos los días, trancas, traumas y muchas frustraciones, pero yo la
verdad, no era eso lo que quería, solo queria disfrutar plenamente de mi
ciudad, con sus virtudes y defectos, con olores de a tabaco y Channel,
como dice la canción de Bacilos, que caló en nuestra consciencia, por las
referencias olfativas, sin duda alguna, los mejores perfumes, los peores vicios.
Llegar a las 6:30
pm, quizás a las 7 fue la hora perfecta,
donde se conjugan la complicidad del escape con la elegancia, no era
tarde ni tan temprano tampoco, en una ciudad que resguardarse es ley, no hay que arriesgarse en estos momentos, así se vive en Caracas actualmente, !que lamentable!.
Allí estuvimos, y para mi sorpresa, uno,
dos, tres, cuatro y hasta diez, llegaron chicos de 50, 60 y un tanto más a la
barra, si! A una barra, para amarrarse al olvido y recordar buenos tiempos.
Canciones de esa
generación, ¿cuáles?, preguntará un carajito que apenas de la vida está
comenzando a entender, pero son simples referencias, porque la vida pasa, las
canciones también, pero las letras y composiciones que dicen Te Amo, no se
acabaran jamás y aunque las canté Agustín Lara o Mick Jagger, es la misma
vaina, es motivo para evocar.
Yo pedí, - por
favor un whisky Etiqueta Negra-. Es lo mínimo que debo hacer, si después de
todo, gracias a ellos, viví recibiendo ingresos por muchos años, hasta un
premio por la campaña me gané, que todavía lo tengo en mi histórica biblioteca,
que por cierto, les confieso, no me ha servido de nada, aparte del whisky, pedimos Tequeños, rindiéndole
culto a una Venezuela que de verdad, se fue, pero es que se fue, muy lejos, a
mi se me había olvidado, lo confieso, que eso fue en un momento los más top, de
una ciudad, que en un momento, se negaba a dormir y estaba entre esas que prometían ser cosmopolita.
En fin, el objetivo
de todo este cuento no es, ni mis amores, ni mis amistades, que al menos los recuerdo, mucho
menos decirte que Fulano, Mengano o Perencejo , los encontré muy viejos, mi
objetivo es compartir el privilegio de decirles, que todavía en Venezuela, en
una barra, a veces se pueden hacer buenos amigos, para contar que todo está una
mierda, levantando un vaso y brindando por ello! Amén, y que aunque a veces uno
se siente cansado, como decía mi abuela, que la pena hija no la vea nadie, ayúdela
con una sonrisa.