Llueve con sabor a dulce y teclado





Estos días de lluvia obliga a cambian mis hábitos, me arropo entre sábanas de recuerdos, la nostalgia toma un matiz de un color gris Pantone No.429, me gusta este color y el café caliente que traje de Panamá, ambos me hacen compañía, debería ser el momento de almorzar, pero yo apenas comienzo con un pan untado de mantequilla de maní con mermelada de grosella negra, algo exótico en los anaqueles de nuestros supermercados, yo lo disfruto como niña, me chupo los dedos sin tener que pedir permiso, licencia que me da la soledad, la ausencia de otras gentes,  me acompañan mis libros, mis papeles, mi lápiz para dibujar mundos  propios, de colores imposibles y composiciones abstractas, incomprensibles para muchos, discursos para pocos.

Tomo otro sorbo de café y miro por la ventana una ciudad lejana, yo estoy en mi espacio que no permiso a nadie a penetrar en el, solo mis recuerdos y mis esperanzas.

Tomo café y dejo el lápiz para prender la laptop y seguir escribiendo mi libro, si un libro algo travieso, a veces temo al respecto, es un verdadero reto, no sé cuánto me va a llevar, sé que será al menos interesante, tiene que ver con mi vida sentimental y personal llena de recetas, buenas todas ellas, porque fueron hechas con mucho amor y pasión.
Tomo café y sigo escribiendo mientras el aroma de la tibia bebida calienta mis manos, miro de lado y veo un retrato, extraño al personaje;  para que se me quite la ansiedad, me levantaré a comerme otro trozo de pan con mantequilla de maní y mermelada de grosella negra, mientras pienso en el próximo capítulo, ¿a quién voy a evocar, cual es su receta?, debo revisar la lista que ya la elaboré.
                                                                                                                                     ...continúa

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