De foodie a crítico. Sueño No.1


El lugar está a media luz, estratégicamente se hace el espacio más acogedor y no se ven los defectos, los comensales en sus mesas hablan en tonos de voz casi imperceptibles, todas dispuestas simétricamente, los detalles de ambientación son pocos, la decoración en la mayoría de las veces se limita al precepto de diseño de “la función determina la forma” por lo tanto, los objetos te dicen la temática de la propuesta gastronómica, casi nunca hay objetos decorativos de sobra. Todo está en su puesto.

La ciudad donde estoy ahora, soy anónima, nadie me conoce, o pocos, lo cual hace que mi apreciación del lugar sea más objetivo, menos emocional y menos comprometido, total, no nos conocemos y no habrá trato especial para que me vaya convencida que el sitio es una maravilla, al mejor estilo de una mujer que ha sido crítica gastronómica, quien todavía a sus 80 y tantos años, sigue escribiendo, obviamente a estas alturas lo que diga o escriba Gael Grenne es “Santa palabra”, quien ha sido desde hace un tiempo para acá una de mis fuentes de inspiración en esta tardío oficio de escribir de gastronomía. 

Soñando que algún día sea rentable. Porque la verdad todavía, aún con siente años en este espacio dando a conocer sobre el tema, lo que he percibido es reconocimiento público, más no he capitalizado, creo que no soy muy diestra en el negocio, lo confieso. No se cobrar, ni vender mis espacios, pero es otro tema, continúo con mi experiencia.

Al entrar evalúo la ambientación, el recibimiento que protocolar o informalmente adopten los encargados del lugar, la atención de los mesoneros, el diseño visual del menú, el diseño de la carta de platos, el tiempo de espera, la presentación del plato, el servicio de bebida, la puesta de la mesa, el sabor, la sobremesa, y por último la cuenta. La cual define eso que llamamos  "valor-calidad" que por cierto casi nunca concuerdan.

En esta oportunidad por no hacer las cosas apuradas me he reservado el derecho a publicar, lo que haré en su debido momento. Por ahora solo estoy como un aprendiz entre ser un buen gourmand, o quizás una #foodie, sin caer en la pasión de tomar fotos de los platos como si fuesen Mick Jagger, hasta pena me da que me vean haciendo eso,  y ser objetiva a la hora de escribir sin que me duela como la mejor punzada de un cuchillo al decir algo que no funciona o que su sabor me decepcionó. Siempre es más fácil decir que todo estaba suculento, queda todo el mundo contento y no sé, si yo tanto.

Lo que puedo decir es que lo estoy disfrutando mucho estar bajo perfil, logrando construir una lista de recomendaciones para cuando vengan a visitar la ciudad en la que me encuentro. Además de observar el comportamiento de los comensales, estudiando que es lo que les interesa al entrar a un restaurante. Quizás logre sobrepasar de ser foodie a ser crítico, y de bloguera a editora de libros, en ese camino ando. Es para mi de este blog el sueño No.1. 

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