Los que se fueron y sabores me dejaron




De mi abuelo, guapo, alto, rubio de ojos azules turquesas como el mar de Los Roques, con un carácter recio, aprendí muchas costumbres, entre ellas, las más estrictas en la mesa. Familia numerosa para ese entonces, ya muchos se han ido, y los que quedamos estamos desperdigados por diferentes puntos del mundo. Tenía por costumbre comer solo, quizás por darle el debido respeto a ese ritual que era para él sentarse a comer, y con tanta gente alrededor, entre hijos y nietos, no era el momento justo para poder comer, relajarse y gozar de los suculentos platos que solía elaborarse en casa, bajo la estricta vigilancia de mi abuela, de quien guardo en mis tesoros recetas que vienen de generaciones ancestrales.  Que se sentara solo en la mesa, siempre me ha dejado llena de preguntas sin respuestas concretas, sin embargo, ser de las más pequeñas de las nietas y vivir una temporada con ellos me dio un privilegio por encima del resto de la familia, quizás por ser una niña diminuta, flaca e inapetente, de vez en cuando en el momento que ya se estaba transformando en un caso grave, me sentaban en la mesa, a solas con él, a su derecha.
A esa edad, todo se ve inmenso, así veía el grandísimo comedor de madera, infinita mesa, con muchas sillas, solo ocupadas por dos personas, en la cabecera mi abuelo, la otra por mi pequeña humanidad, donde mis pies bailaban en aquellas sillas buscando un piso que nunca alcanzaba. Los gatos silenciosos y cómplices de mi inapetencia, hacían de las suyas esperando que les lanzase su ración de carne mientras mi abuelo, absorto en sus pensamientos no se daba cuenta que no estaba tragando.  
Al ras de mi vista lo primero que veía era una bandeja con Aceite de Oliva, Picante trujillano, sal y pimienta y algunos otros aderezos que mi mente no recuerda, pero logró dejar esa arraigada costumbre de poner desde ese entonces una hermosa bandeja pulida con Ingredientes para aderezar en la mesa a tu gusto cada plato que voy a comer.
Todavía, no solo recuerdo, suelo hacerlo y es que no hay sopa o granos que no reciban de mi mano su ración de Aceite de Oliva, sal marina y pimienta y con ellos viajo a esa infancia eterna que todos llevamos por dentro.

No dejo de recomendarlos y aquí les doy una lista de sus ventajas:
El aceite de oliva virgen extra es la más noble de las grasas vegetales por su calidad y sus cualidades beneficiosas para la salud. Este zumo oleoso de la aceituna es la joya de la dieta mediterránea, considerada por los expertos una de las dietas más sanas del mundo.
El aceite de oliva virgen extra no puede faltar en una alimentación saludable. Tiene una composición muy interesante desde el punto de vista nutricional, ya que ayuda a prevenir algunas dolencias crónicas.
 Es un alimento con alto contenido en sustancias antioxidantes y vitaminas, especialmente la vitamina E (tocoferol). También es rico en otros compuestos naturales como los carotenos y polifenoles, cuya concentración varía en función de la madurez de la aceituna y la tecnología de obtención.

Esta riqueza de nutrientes del aceite de oliva virgen extra está directamente relacionada con su elaboración natural, en la que no se utilizan tratamientos químicos, lo que asegura que se conserve integro su contenido.

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