24 mar. 2014

Café, humo, gases y recuerdos




Abro los ojos…

Inicio el día con un desayuno de esperanzas y aderezos que evocan aquellos momentos, que una vez fueron y no volverán, porque el tiempo es una línea invisible que se transita con las experiencias, esas que van quedando y se va difuminando con el tiempo, hasta que llega a su punto final.
Veo por la ventana la luz muy clara de este trópico tan hermoso que ha sido miel y veneno para todos, sobre todo a estas nuevas generaciones  que a punta de llanto, de dolor en el alma, de perdidas y lejanías están  aprendiendo a tomar provisiones como la gente que vive en un invierno o en una guerra. En la despensa tiene que haber el por si acaso, comiendo lo que consigues y dignificándolo.
Desde mi ventana, esa que durante 37 años me ha ofrecido una vista que se morfea, al igual que mi vida, la acompañante eterna de alegrías, duelos y quebrantos, sentimientos  que se van impregnando en  los vidrios dejando una capa blanquecina que obliga cada semana pasarle un trapo  como quien va borrando sueños y desesperanzas pasadas e intentando dibujar unos nuevos.
Durante estos días, una humareda, y no de los fogones exactamente, viene ahumando  mi vida, mi casa, mi nicho, el nido que cobija mi cuerpo, intoxicado mis ganas y desazonando distancias. Todo hoy me queda remoto, porque la lejanía solo la achica el cariño de los que están lejos y a veces las circunstancias con todo  lamento desfloran los amores más intensos.

Desayuno entonces…

Una tostada de pan integral es sano, ya no como arepa, no haré colas para ese gusto nacional que nos han ido quitando como parte de nuestra identidad, con el desabastecimiento  como bandera obliga al consumidor a humillar las ganas, haciendo de nuestra cultura gastronómica una verdadera tortura, hacer colas por tres horas, pelearte de la manera más vulgar por algunos paquetes, gritarse entre unos y otros, le quitan esa virtud que evocan aquella patria que dibujaba una mesa rodeada de familia feliz compartiendo en la mesa uno de los emblemáticos platos.
El café mañanero, para mi es indispensable, no concibo un día sin mi dosis de aroma y la cafeína que corra por mi sangre, sabido es que quien es adicto a ello como en mi caso, el cuerpo la pide cada 24 horas, las mías son en las mañanas. Aún recuerdo las variadas marcas de café que se exhibían en los abastos, luego supermercados. En granos tostados o molidos, de acuerdo a su preferencia, varias marcas, para escoger, colado en la clásica bolsa venezolana o a posterior con la llegada de las cafeteras italianas, de las que ya forman parte de nuestra tradición, ahora tomar café es un logro de obtención, casi artículo de lujo, no queda otra que comprar a los fabricantes artesanales, que sin desmerecer para nada, ya que son excelentes productos, el precio no es justamente de consumo cotidiano, son cafés “Gourmet”  recomendando tomar puro, sin leche ni azúcar, al menos ahorras unas cuantas molestias en conseguir ambos productos.

Organizo mi agenda, hago llamadas, salgo hacer diligencias de manera cronometrada, ya estoy preparada para esperar las arremetidas que día a día durante semanas, han cambiado radicalmente mi percepción de la vida, y de mi ciudad, y de mi Patria y la de los países vecinos. Ya no soy la misma, la que sueña con una gran mesa, una buena copa de vino, frutas frescas.  Por ahora… eso no es lo que siento, nunca cierro mi disposición a lo hermoso que nos puede deparar la vida, mientras espero entre humo y metralla, que un buen día todo regrese a la normalidad y que el aroma del café no sea opacado por el desagradable olor de los gases lacrimógenos que nos han metido en la vida, como suerte de castigo que se ha transformado en indignación.


Nota: Hoy comienzo actualizar de nuevo con post de vino y gastronomía. Han sido días muy difíciles en donde no cabe hablar de las suculencias que no existen en Venezuela. Gracias por la paciencia. 

Manifestaciones en Venezuela